
El desafío fue construir desde cero el universo completo, incluyendo una propuesta gastronómica definida con un punto de vista claro. Un proyecto donde la identidad no fuera una capa sobre el espacio sino la misma materia con la que se construye.
Ahí nace Niño Puerco, un universo onírico, donde hablamos de un personaje que come con las manos, se ensucia las rodillas y prueba todo sin pedir permiso.
Un niño al que sólo le importa explorar el mundo. Huele, recorre, toca antes de entender. Un Niño que llega a la cocina de su abuelita sin avisar y mete la mano donde no debe.
Así desarrollamos este proyecto de manera integral: estrategia de negocio y concept Lab, arquitectura, interiorismo, branding y propuesta artística. Cada disciplina entró desde el inicio, el espacio responde al concepto, el concepto responde al plato y la marca responde a todo. Donde su arte no decora el restaurante, termina de definirlo.
Un recorrido por la gastronomía de la familia Mexicana, visto desde los ojos de quien la re-descubre por primera vez.







Escuchamos antes de crear.
también es parte de lo que hacemos.

